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El proyecto plástico que aquí podeis observar se desarrolla tras comenzar un estudio sobre la enfermedad mental. Este proyecto se abre paso en el seno de mi obra de un tanto abrupta, como la naturaleza misma del estímulo que le sirve de catalizador. Estando inmersa, prácticamente desde el inicio mismo de mi capacidad de expresión plástica, en el medio pictórico del retrato y la compresión figurativa, entro en contacto con la teorización freudiana (inspirada en Schelling) de lo siniestro y ominoso (“Unheimlich”), la cual connota toda experiencia en la que algo que debía de permanecer oculto se manifiesta, se atisba, creando una rasgadura en el tejido familiar de la realidad a través de la cual una atmósfera emocional amenazante lo inunda todo.

Esta irrupción de lo siniestro en mi vida a través de la teoría y también de un anhelo tácito que ahora entiendo que se había ido abriendo en mi interior como una receptividad potencial al cambio, me lleva a comenzar a tomar un mayor nivel de conciencia y reflexión en relación a lo que hasta la fecha he estado pintando y sobre todo, a cuestionarme a fondo hacia dónde quiero dirigir a partir, de ese momento mis intereses y esfuerzos creativos.

Argumento toda mi obra bajo el aprendizaje de la enfermedad mental y presonalidad que he ido aprendiendo con posterioridad leyendo una de las tesis doctorales de Michel Foucault. Esto ha servido para poder explicar con exactitud el desarrollo mental de la enfermedad y bajo que traumas psicológicos se desarrollan las actitudes del cuerpo. Por ello decido aproximarme, revisar, explorar, exprimir el asunto de la locura, entendida esta de forma general como esa región experiencial priviliegiada de aproximación a los límites de uno mismo y de la propia sociedad (y época). Selecciono dos grandes grupos sobre los que apoyaré mi trabajo y mi ensayo artístico a lo largo del tiempo que dura este proyecto.

 

Si no hubiera entendido el desarrollo de la enfermedad y no me hubiera adentrado en el mundo tan a la par de medicina y arte no podría a ver llegado a las posteriores conclusiones. Pero no fue hasta el momento de mi viaje a Londres de dos años de duración, donde pude convivir con todo tipo de situaciones, tanto buenas como malas, donde mi proyecto sufrió una revelación.

Muchos fueron los factores, desde los mas sencillos como estar durante meses caminando y recorríendome todos los rincones de Londres, sedienta de arte, donde mis ojos pudieron alimentarse de todo tipo de arte. Aprendizaje que me hizo valorar el circuito del arte de otra manera , el mercado y las maneras de plasmación. Hasta momentos del día a día de convivencia y el encuentro fortuito con diferentes personajes de los cuales aprendí un sin fin de habilidades, diferencias culturales y personales. No sin olvidar una de las cosas que más me impactaron de esa gran ciudad, la orfandad social, la soledad aun estando rodeada de millones de persona, la rapidez y el estrés que la ciudad te exigía y un desasosiego profundo en el que tu personalidad se perdía hasta no encontrarse ni uno mismo. El llegar a plantearte hasta quien eras y el porqué estabas haciendo esto o lo otro y el porqué no habías elegido otros caminos, llega a plantearte hasta tus propias raíces.

No obstante todo esto fue el disparador de una nueva dirección que cogería las riendas de mi proyecto en el cual me planteo la ima- gen que represento, como la represento y hacia dónde va dirigida. No solo comienzo a plantearme la obra como una herramienta de reivindicación y queja, si no como un atributo al espacio al que pertenece. Por ello comienzo a no poder entender la obra plástica sin su entorno al cual iría dirigida mi obra.

Me planteo la imagen que represento y como la represento al reafirmarme en la idea de que solo el impacto causa efecto. En esta sociedad de consumo solo aquello rápido de apreciar, rápido de descifrar es lo que rápido entenderá. La imagen la entiendo como el significante (ahora explicaré el porqué). No es que rompa con mi estilo pictórico pero si comienzo a liberar los trazos a reaprender, reestructurar y reestudiar las cualidades psicológicas del color para que de una manera tan simple como una buena elección de ellos en la composición, sean capaces de impactar en el espectador.

Me planteo hacia dónde va dirigida y a entenderla como un atributo al espacio porque ya no entiendo mi trabajo como el simple mero hecho de ser un objeto de consumo hacia un espectador de una galería. Espectador que la mayoría de veces no sabe apreciarlo o tan solo es un ave de paso. El cuadro como he nombrado antes es tan solo el significante, el cual no encontrará su significado final hasta descansar en su lugar de origen. En este momento juegan muchos factores que es necesario explicar: Un cuadro no es entendido hasta cuando finalmente (pictóricamente hablando) lo acabo y voy a un espacio hacer la fotografía. Este espacio es elegido meticulosamente y todo lo que podemos encontrar en el, será el factor clave para crear una atmósfera efímera, pero que perdurará para la eternidad, en la que, el cuadro descansará y juntos realizarán un significado. Ya no entiendo realizar una obra para que su destino final sea ser colgado en una pared y ser contemplados por los espectadores de la galería. Primero de todo el derecho de ello lo tiene los paisajes, aquellos que he elegido para completar la obra. Son ellos los que componen el marco de la obra, ya que el concepto de marco que conocemos todos , para hablar de aquello que delimita una obra, en mi proyecto desaparece.

Quiero que la obra sea un cómputo de ambos y que entre lienzo y vida no haya límites. El derecho lo tiene el momento elegido, lo tiene las personas que pasen en ese momento a su alrededor, lo tiene el viento, el sol o la oscuridad, lo tiene el tiempo, los segundo y minutos que como un mar en calma o una tempestad abrazarán ese momento. Momento de una vida que danzará alrededor como la caricia de las punteras de una bailarina de ballet. Los objetos inertes cobrarán vida para crear un total. La obra será ese momento, no importa lo que haya costado la realización del cuadro, ni su tiempo invertido, la obra será ese mismo instante en la que la llevo a un espacio y la fotografío para unir su significante y significado y que pueda agarrar ese momento para una eternidad.

Esa fotografía será la imágen poética de un momento, una obra, de acontecimientos, sentimientos, sensaciones, será el recipiente de una vida.